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Martí clama por una defensa de lo americano, por un desarrollo de sus posibilidades, donde tiene cabida el conocimiento humano, “injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas” (14) sentenció, pues no eran tiempos para imágenes idílicas de un emigrado recién llegado a los Estados Unidos, conocedor ya de lo que pretende Estados Unidos, es hora de “andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”. (15)
Como hemos señalado constantemente en estas páginas, para Martí, la identidad nuestra pasa inevitablemente por la necesidad imperiosa de la independencia, sin cuyo valor es imposible mantener lo propio, por ello reafirma: “El deber urgente de nuestra América es enseñarse como es, una en alma e intento, vencedora veloz de un pasado sofocante, manchada sólo con la sangre de abono que arranca a las manos la pelea con las ruinas, –y la de las venas que nos dejaron picadas nuestros dueños” (16). Nuestra América puede leerse a la luz del criterio profundamente descolonizador que propugnó su autor. Para Martí, en la praxis histórica, barbarie “es el nombre que los que desean la tierra ajena dan al estado actual de todo hombre que no es de Europa o de la América europea” (17)
Martí no desconoce tampoco la herencia de elementos hostiles heredados de la etapa colonial y que mantienen una plena vigencia, aún en la actualidad. Por tanto, no niega la realidad histórica de la identidad latinoamericana al decir de Miguel Rojas Gómez, quien en relación a Martí, sostiene que desarrolla ideas claves en torno a identidad. “Los contenidos de la identidad los expresó sintéticamente al subrayar, “en esta lista de claves y nombres, por la que el ojo vulgar pasa con descuido, La América [Latina] dilata sus miradas”. En esta inmensa suma de analogías que componen el sistema universal, en cada hecho pequeño está un resumen, ya futuro o pasado, un hecho grande”.(18) El 16 de abril de 1893, Martí publica en “Patria”, órgano del Partido Revolucionario Cubano, el breve artículo “Mi raza”. Igualmente es un texto medular para entender los conceptos martianos sobre la identidad cultural. En los momentos en que se publica este texto, Martí ha fundado dos instituciones claves para la futura “guerra necesaria”. La primera es el Partido Revolucionario Cubano, partido de nuevo tipo, calificado por Cintio Vitier de novedad histórica de su tiempo, bajo cuyo ideal se reúnen todos los cubanos para lograr la independencia de Cuba y ayudar a la de Puerto Rico. El Partido necesitaba un vehículo que diera cabida al pensamiento martiano, ese fue “Patria”. Por tanto, no es casual que “Mi raza” se publique en Patria. El ideal martiano es unir a todos los cubanos, por cuanto su interés es el hombre y es necesario extirpar el “miedo al negro”, que había lastrado al ideario cubano en años anteriores. Eran tiempos de unir voluntades y desterrar criterios racistas que podían castrar la revolución.
En “Mi raza” Martí desarrolla el concepto del hombre: hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro (19) para eliminar posibles barreras raciales que habían influido como parte de los problemas que dieron al traste con la Guerra de los Diez Años. Por encima del concepto racial Martí desarrolla el criterio de la nacionalidad y la pertenencia del hombre a la patria que lo necesita en esta hora. “Cubano es más que blanco, más que mulato, más que negro […] En Cuba hay mucha grandeza en negros y blancos” (20) para definir cuál es el verdadero deber del hombre americano en esos instantes “El hombre no tiene ningún derecho especial porque pertenezca a una raza u otra: Dígase hombre, y ya se dicen todos los derechos”. (21)
En su discurso unificador de voluntades, Martí desarrolla un concepto medular en el referido artículo. Si en los anteriores señalados, exaltó fundamentalmente el valor americano, en “Mi raza” desarrolla criterios éticos de sumo valor, al darle la verdadera esencia en importancia al hombre; más allá de su color, como corresponde a la esencial praxis martiana con todos y para el bien de todos. “Conoció e intuyó Martí en su época, la disparidad de criterios en torno a la identidad cultural de América Latina que aún hoy se suscitan. Sus palabras acerca de que prever es ver antes que los demás y de que conocer es resolver, son claves maestras para desentrañar la complejidad del problema de la identidad cultural latinoamericana. Su visión de América Latina no es la de un iluso, sino la de un análisis basado en hechos. No ignora que en estos pueblos se ha imitado y copiado como en los demás pueblos […] «Crear es la palabra de base de esta generación»”. (22)
Sin temor a equivocarnos, la obra martiana está cargada de un gran humanismo que alude a la afirmación del sujeto latinoamericano en interrelación directa con una voluntad política contentiva de las posibilidades concretas de respeto a los hombres y que, por tanto, incluye el reconocimiento de los diferentes modos de identificación de esos mismos hombres con los elementos y las objetivaciones propias de cada cultura, constituyendo una mirada indispensable al realizar un estudio sobre la identidad cultural latinoamericana.
De: "El aporte de José Martí a la identidad e integración latinoamericana ante el proceso de globalización."
Msc. Lic. Andrés Oscar Lora Bombino.
Los interesados en leer el texto completo. como asi tambien otros ensayos, pueden dirigirse al director del Boletin, cuyo correo se consigna mas abajo.
tomado de:
BOLETIN DE PENSAMIENTO
HOMAGNO de la UNEAC en Remedios. No. 2 de Octubre y 2006
Director Luis Manuel Pérez -Boitel, coordinador de la UNEAC en Remedios.
Consejo Editorial: Antonio Pérez Santos, Alexis Castañedas Pérez de Alejo.
Agradecemos la colaboración de Andrés Lora Bombino, Antonio Bermejos Santos,
así como la ilustración de José Luis Fariñas.
Cada autor es responsable de sus opiniones.
Aceptamos colaboraciones y sugerencias dirigidas a E-mail: boitel@cenit.cult.cu
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